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EL TIEMPO QUE ES POLVO. Al respecto del poemario Finibus Terrae de Jorge Nájar

 Escribe: Gerald Rodríguez N.

A lo largo del tiempo, la poesía ha consumado el destino del espíritu estético que, bajo su propia lógica, la palabra es el único sentido para vivir. La poesía no es un instrumento de comunicación, usa el lenguaje, nos habla, pero nunca comunica, porque pareciera que fuera polvo en el tiempo. Pero la poesía hace posible el lenguaje, no el lenguaje a la poesía, siendo no un adorno de la civilización, sino un soporte fundamental de la vida, de la sangre, del sueño humano; un diálogo con el que se llega a lo más puro y a lo más espiritual, porque donde hay poesía hay mundo, porque poetizar es abrir la magia de un sueño real. Porque siendo los asuntos de la poesía la solidaridad, la libertad, el amor, la muerte, ¿dónde cabe la esencia de la poesía? Para «Finibus Terrae» (Tierra Nueva, 2019), cabe en lo divino, en lo infinito de una realidad que se trasluce en un viaje, en un estado, en una humanidad que despierta la apariencia de lo irreal (Ya no basta poseer todo el amor / necesitamos otros mitos otro infierno / Dios a la orilla del mundo / llorando ante su propia hechura). «Finibus Terrae» representa la instauración de una nota fundamental de lo estético en lo poético, instauración metafísica o mística, a través de la unidad interna, esencial en la especie del arte (me hundo en el lodo de un universo vacío / caigo enredado en mi propia jugada / arremeto piso la raya me desmorono / mi pobre corazón no puede más / Señor / Señor).

Jorge Nájar (Pucallpa, 1946) no agota la esencia de la poesía, sino que explora sus otras especies, sus momentos culminantes del desarrollo de una etapa poética de exploración de la palabra. Rehabilita el primer plano de una verdadera obra artística, ya que en «Finibus Terrae», Nájar desarrolla un íntimo significado de la poesía, con versos resonantes (la belleza y la verdad están en su sitio / el boleto de regreso en manos fugitivas / los girasoles en un inmutable orden / el escape a lado de la escalera de incendios), pero a veces, la interpretación de su tiempo poético precipita transportarnos a la fuente del origen artístico (En esta claridad / la memoria resucita viejos sueños / fogata bajo la luna amigos la vida). En «Finibus Terrae» el poeta ha puesto en operación la poetización de algo bello, la luz de un ser, la apariencia estable de la verdad (Esto es todo que perdura / el ombligo del mundo / donde alguien ˗la madre- camina / lenta agitando en el sendero). La reproducción de versos singulares es la esencia general del libro, concordando la arquitectónica idea de una verdad poética, imitando una realidad artística, la verdad de un dominio personal (Escribo en mi memoria / Si resiste el mundo puede ser tuyo / No te quiebres).

Jorge Nájar hace del arte poético una preeminencia del «yo» que domina la reflexión existencial, una poética que no se opone al extremo poético, sino que en ella busca su movimiento, su realización. Es en el «Finibus» de este reino donde la belleza delimita su frontera sagrada, el libro no deja de ser un templo con amplitudes sometidas al brillo y a la luminosidad (el sol que resplandece contiene multitudes / el polvo de la mariposa la llave del día / están en los senderos del bosque / sobre los puentes que van de un mar a otro). Nájar resuelve un ámbito íntimo de la poesía a través de lo inconmovible que a veces puede ser la realidad, hace surgir a través de la palabra el relieve poético que significa un volver a existir, una representación de la tierra que nos ve nacer siempre en aquella estética y en aquella palabra que nos alberga en su más entero corazón y esencia.      



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