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Día del Maestro, entre el dolor y la ilusión


Este año deberíamos estar celebrando entre maestros, una fecha más de regocijo por haber elegido la carrera más entregada del mundo, pero lloramos a nuestros compañeros fallecidos. Ser un maestro en el Perú connota precariedad, olvido, abandono, y aun dentro de esta realidad, sentimos el goce que implica amar hasta nomás a los hijos de los otros, dejando incluso los nuestros a un lado. Es que gran parte de los maestros somos hijos del pueblo y entendemos las necesidades del pueblo y batallamos, porque los gobiernos, década tras década, nos postergan y engañan.

Cientos de maestros han caído ante la pandemia en nuestro país y han dejado profundo dolor en sus respectivas familias y escuelas. En nuestra provincia, los docentes fallecidos y la gran cantidad de colegas y estudiantes, que junto a sus familias tuvieron que someterse a cuidados especiales por el contagio, nos llevaron a hacer una pausa en las actividades escolares, en un "paro" de contención emocional para afrontar la profunda crisis que atravesamos, porque ya no se puede más. ¿Qué es más importante? ¿La salud o lo galardones de un Ministerio que recibe reconocimientos porque a diario acumula tareas, proyectos, inventa programas para justificar su presencia sobre las escuelas? Este tiempo de incertidumbre, de presiones (más que de costumbre), de aprendizajes veloces, de intensidad y de búsqueda, ha devastado el estado emocional de los maestros, que no son de piedra, que también sienten y se comprometen con sus estudiantes.Y entre tanta angustia, lo que no se ha perdido es la solidaridad; ese esfuerzo de colaboración para el compañero afectado que nos distingue, y que en cada institución educativa se ha fortalecido en comunidad.  

Y mientras la "nueva normalidad" se abre ante nosotros demandándonos más responsabilidad sin habernos proporcionado las herramientas tecnológicas adecuadas para enfrentarnos al trabajo remoto; exigiéndonos equilibrio y ecuanimidad, buenhumor y entusiasmo, pese a que nuestros corazones están acongojados y resienten la soledad y el soslayo del Estado, los maestros seguiremos en pie, tratando de mantener la ilusión, compartiendo afectos y contagiando con nuestro fervor a nuestros estudiantes. 


¡Feliz día, maestro amazónico!
¡Feliz día, maestro del Perú!

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