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Los recuerdos negros (Vallejo)


Hubo golpes en la vida de Vallejo, tan fuertes... ¡Yo si sé!
Golpes como aceptar sus orígenes, descubriendo ante ellos
la resaca de toda su falsa vida europea,
empozada en su verdadera alma... ¡Yo si sé!

Son muchos, en verdad lo son... Abrieron tantas arrugas
en su rostro de cholo, obligándolo a fingir su nueva cultura.
Pero fueron tal vez, siguiendo su ejemplo, sus mismos compatriotas
los que hicieron de él, un ser presto a moldearse de forma segura.

Me moriré en París, decía, buscando aceptación;
ese era su más grande deseo, y anhelaba de aquel país su panteón.
Para lograrlo y para no en vano morir, ante todo dispuso posar;
posar en posturas de pensador mientras era fotografiado.
Así reforzó sus intenciones, logrando que al fin le brinden atención.

Y vallejo... ¡Patriota... Patriota! vuelve los ojos a su país,
para hablar de pobreza, de injusticia, obligado por el clamor de los suyos;
vuelve por obligación como lo hace un hipócrita, y entonces toda su vida,
se empoza en un charco de mentiras, haciéndole soportar su triste verdad.
Hubo golpes en la vida de vallejo, tan fuertes... ¡Yo si sé!

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