Ir al contenido principal

Cuento: Un rotundo amor


Un rotundo amor


El hombre se fue a la barra,
su ginebra se pidió,
lo sintió bajar despacio:
la tarde se acomodó.
Piero, balada



Mi padre manejaba un tren. Era ferroviario. Tenía una mirada firme, franca y un temple sereno. Sus bigotes terminaban en punta y sus ojos gatos estaban llenos de curiosidad. Fumaba parsimoniosamente, le gustaba el buen vino, un poco fuerte. Cuando llegaba a casa todo debía encontrar ordenado y limpio. Después del baño y la comida, descolgaba la guitarra de la pared. Tocaba bien. Cantábamos canciones alegres terminando en coro, hasta cansarnos; luego nos íbamos a dormir.
Jesy, mi hermana, alcanzo la edad de mujer y la más hermosa juventud, por lo que Tubino se embriagó hasta atontarse de su floreciente belleza. Buscaba encontrársela en la plaza, en el parque, en el camino al instituto…; pero solo la podía alcanzar furtivamente en sus sueños. Una vez la logró atajar en un recodo del camino.
—No, ni te acerques. ¡Ni lo intentes! —le dijo ella.
—¿Por qué? —le respondió él—. Tú sabes que estoy enloqueciendo por ti. Me muero Jesy si un día no te veo, aunque sea de lejos.
—No todos saben lo bandido, mujeriego y distraído que eres. Si mi papá se entera, si nos ve juntos siquiera conversando, tenlo por seguro que te mata. ¡Vete Tubino! ¡Vete!
—¡Pero ya es demasiado tarde: no puedo vivir sin ti! ¡Me falta el aire que respiro cuando no te veo!
De alguna manera la joven logró escaparse; pero dejó caer un rosario. Tubino lo recogió alborozado, porque pensó que ella lo había hecho a propósito. Desde entonces, de lejos podía mirarla en la misa, furtivamente, claro está; sin embargo, la madre se percató.
—No juegues con fuego muchacha, tu padre tiene licencia para portar armas, cuidado con las desgracias.
Un día se le acercó.
—¿Qué haces aquí?, ¡vete!
—Hablaré con tu padre.
—¿Estás loco?
—Entonces nos fugamos.
—Pero nos mataría a los dos.
El siguiente domingo Tubino estaba feliz. Ya había encontrado una salida… ¡Cuantas cosas se hacen por amor!
Tubino entró a trabajar como ferroviario y se hizo mañas para ubicarse al lado de don Dino, quien se encargaría de adiestrarlo en enseñarle en el oficio.

Al comienzo le gritaba, le sermoneaba, hasta que fueron entendiéndose y haciéndose buenos camaradas. ¡Qué tal paciencia!
Al tercer mes, el día de descanso de don Dino coincidía con el de Tubino, y ese domingo lo invitó a comer en su casa.
—Quiero ver que tan bien tocas la guitarra y si tiene temple su voz —le dijo.
Jesy fue la última de la familia en ser presentada; ambos fingieron muy bien y la madre miró ese saludo con desconfianza.
—Parce que de veras te quiere, para haber hecho todo ese sacrificio, porque tu padre casi no hace ese tipo de amistades —comentó con su hija, en un rincón.
Tubino estaba Feliz. El viejo miraba de soslayo como se iban gustando; pero la guitarra y las canciones suavizaban las cosas. No cabían en sí de gozo cuando don Dino mismo les dijo:
—¿Por qué no van a la matiné, a ver ese film de acción que tanto han comentado durante la comida.
Aquel lunes cuando echaron a andar el tren, don Dino no estaba solo duro sino amenazante a punto de estallar.
—¿Ya conocías a mi hija antes, no? Me engañaste.
—Perdón, don Dino; ella me dijo que si usted se enteraba solo de que me gusta me mataría. Yo la amo don Dino. Mis intenciones son las más sanas.
—¿Cómo lo hiciste con las otras enamoradas que tuviste?
Hubo un largo silencio, solo acompañado del ruido del tren. Finalmente habló el viejo:
—¡En un mes te casas! ¡Ni un día más!
Tubino saltó de alegría.
—Gracias papá —le dijo—, ¡aunque sea mañana mismo!
—Y no creas que porque vas a ser mi yerno no te puedo hacer dos agujeros en la panza si la engañas.
—¡Sí!, ¡si!, por supuesto, pero eso no sucederá, ¡se lo juro!
—¡Más te vale! Y ahora atiende a tu trabajo que la maquina no es automática. ¡Esa Jesy me las pagará! ¡Espere a que llegue a casa!
—Señor, ella no…
—¡Cállate! Que todavía no están casados… ¡Atención a la máquina que no camina sola!
Años después murió mi padre y Tubino ocupó su lugar en la casa, en la sobremesa y también como cabeza de familia.
Su mirada lo decía todo de su recia personalidad. //

Comentarios

Entradas populares de este blog

Tradición: patrona de Tarapoto

    Patrona de la Santa Cruz de los Motilones en Tarapoto       Todos los pueblos guardan en cada uno de sus habitantes diversos matices de júbilo, devoción, algarabía y festividad; motivados por la llegada de una fecha muy significativa, por lo general de carácter religioso. En la ciudad de Tarapoto se celebra la patrona de la Santa Cruz de los Motilones, fiesta que se inicia el 07 de julio y concluye el 19 del mismo mes. Cuentan nuestros abuelos, que para la llegada de esta gran fiesta, los cabezones se preparaban con anticipación casi un año. Ya sea sembrando yuca, maíz, plátano y otros productos de panllevar, así también como la crianza de gallinas, pavos y chanchos. Cuando faltaban pocos meses para la celebración, los cabezones con sus respectivos ayudantes cosechaban los productos y seleccionaban las gallinas y chanchos para esperar la llegada de la gran patrona. La primera semana de julio, las mujeres se dedicaban a la preparación del masato de yuca y chicha de maíz.  El 07 de j

Jerga: Cutra

Es uno de tantos términos del lenguaje vulgar aún no aceptado por la Academia de la Lengua Española de nuestro país, pero usado por todos los peruanos, cuyo significado está contextualizado con el soborno y vueltos de sobrecostos en el submundo de la corrupción. Me arriesgo a opinar que el origen de este término está en la preposición contra, que semánticamente, denota oposición y contrariedad. A mediados del siglo pasado, en que se originó esta jerga, los  facinerosos que cometían  este tipo de delitos económicos, eran conscientes  de que estaban actuando en contra de la ley. "Hagamos la contra". Supongo que para "esconder" la fechoría y no sentirse acusados por esta palabra, simplistamente, derivaron el término de contra a cutra. Así la preposición contra dio origen al sustantivo cutra que sometido a la acción toma categoría de verbo: cutrear. Actualmente, sigue siendo conjugado en las tres personas gramaticales, en singular y en plural.    (  Lucio Córdova Mezo

El abuelo Wilmaco

Hace unos días, en Trazos, mi amigo Reymer y yo celebramos con un six pack de latas la culminación de su novela  El abuelo Wilmaco . Se trata de una historia ilustrada que habla del amor, no solo del que sentía Wilmaco por Romina y su hijo Yaro, también del amor hacia la naturaleza. Conocí a Reymer hace unos años y desde entonces hemos sido muy amigos. No. Mentira. La verdad es que casi no lo veo, pero sí hemos coincidido en varios eventos literarios y, para ser francos, siempre he admirado su determinación y compromiso con la literatura. Cuando me dijo que ya había culminado su proyecto y me envío sus escritos para leerlos, además de sentirme muy feliz de su logro, no dudé un segundo en ser partícipe de su edición y publicación. Y, ergo, he aquí el resultado. El abuelo Wilmaco  resalta a los hombres del campo dedicados al trabajo por un futuro prometedor. Pero la vida es incierta, agradable y nefasta a la vez. Esa es la vida, y Wilmaco, con sus nueve décadas, lo sabe y entiende