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Utopías y desvaríos (20)



A donde sea que vaya, quienes se cruzan en mi camino, me preguntan “en qué andas”, “dónde trabajas”, o que si tengo familia e hijos, o si le veo a tal o cual persona… Yo les digo que ando “conspirando”, pero la verdad es que me enferma responderles a estos entrometidos, más si son tipos a quienes ni siquiera veo.

Pasa lo mismo cuando respondo por el teléfono. “¿Dónde estás?”, ¿qué estás haciendo?”, son las preguntas indispensables que se supone, debo responder obligado.

Pienso que la gente anda muy insatisfecha de sí misma, de ahí la necesidad de saber qué hacen los demás. Me imagino que a estos súperhumanos les hará bien descubrir si el otro anda desempleado, con muchos hijos, pobre...; pero si no es así, seguro que la bendición y los buenos deseos no se hacen esperar, por supuesto encubiertos en la más grande hipocresía.

Una mañana en la que, junto a unos conocidos y parientes, me encontraba comiendo pescado, se nos acercó un tipo sólo para preguntarnos dónde estábamos trabajando. "Tengo mi chacrita de maíz", le dijo mi amigo, disconforme por la intrusión. "¿En dónde?", todavía preguntó el tarado, mostrando una sonrisa cínica, sospechoso de haber descubierto que le estaban tomando el pelo. Todos en ese instante, nos recontracagamos de la risa, yo más, al ver en ese intruso una barriga más prominente que la mía.

Otro día estuve en un apuro debido a la ingesta de abundante grasa, cuando, empezó a sonar mi teléfono, una y otra vez. Alguien que estaba cerca, se apresuró a entregármelo. "¿Sí?", pregunté. "Hola. ¿Qué estás haciendo?", oí del otro lado. Un poco airado, intrépido, respondí: "¡estoy en el maldito defecario, cagando!" Quien me había llamado, "¡inmoral, cochino!", se apresuró a insultarme, siendo esa persona la única responsable de mis respuestas. Y me cortó, desde luego. O sea, me llaman miles de veces sin ser capaces de especular que ando ocupado y que por eso no respondo, me preguntan qué hago, yo les digo la verdad, ¿y aún así la ofensa es mía?

Si tanto quieren saber de mí, aquellos que quieren saberlo, aclaro, la verdad es que, a veces y exceptuando a quienes aprecio, preferiría no hablar con nadie. Solo, enrumbado con ímpetu díscolo, me desplazo mejor, carente de agonía, embelesado. Solo, es decir, sin charlas estúpidas y carentes de sentido; sin tener que decir lo que no quiera; sin nadie que realmente joda la paciencia...

Tomando en cuenta mi percepción del mundo, la conclusión final a la que he llagado, es esta: "estoy y no estoy del lado correcto". De este lado, en mi cómodo sitial, los escenarios que alberga mi conciencia, se desbordan de soberbia y perfección. Más allá de mí, están los otros, los que piensan lo mismo que yo desde otro punto de vista (o mejor dicho, de otros escenarios); para ellos, a quienes pretendo enterrar en la humillación, mi palabra es incierta e inútil, como realmente lo es en este espacio habitado lleno de tuertos en el que vivo.

Por mi parte, para terminar, creo que estos humanos infelices, ni se darán por enterado de esta aseveración final. ¡Hecho!

(M.V.)

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