Ir al contenido principal

«Cuentos amazónicos 4»

Escribe: Flor Libertad Linarez Flores.


Este cuarto volumen de «Cuentos amazónicos» es un hermoso proyecto al que me embarqué con mucha emoción.

Me encantó la idea de publicar historias urbanas, y vi una oportunidad para homenajear a escritores que, pese a sus años de experiencia y al buen trabajo que realizan, no tienen la difusión que se merecen. Disfruté de cada momento; desde contactarme con ellos, hablarles sobre el propósito de esta publicación, reunir las historias, leerlas, desmenuzarlas, perderme en ellas y comprobar una vez más que en la Amazonía existen escritores de gran talento. Los aquí reunidos pertenecen a distintas épocas, regiones y estilos, pero a todos los une el amor a las letras. Son doce historias, doce voces distintas, doce mundos alternos para escapar de la realidad a veces asfixiante.

En el primer cuento, titulado «Sagrada luz de amor», junto al personaje principal que hace las veces de narrador, viviremos emociones fuertes, inesperadas, pero sobre todo comprobaremos cómo el amor lo transforma todo. En «La garza y esmeralda», nos teletransportamos a la rutina dentro de una cárcel. Las conversaciones de los presos, el dolor, la muerte en forma de garza y un sinfín de emociones, arrugarán nuestro corazón cuando descubramos que la amada de Martín ha muerto. «Luz verde, balsa que gira», nos conduce a esa delgada línea entre lo real y lo onírico. Nos preguntaremos si estamos viviendo o no dentro de un sueño, arrastrados por la corriente que gira y da vueltas. En «Refranes de perros», de la pata del perro protagonista conoceremos sus aventuras, la plaga de sarna que afecta a sus carnes y los certeros refranes que adornan la historia. «La habitación» es el único relato de terror; en él encontraremos a un súcubo que atrapa al protagonista en otra dimensión, llenándolo de confusión y pavor. La ciencia ficción llega de la mano de «Eva por segunda vez», relato que plantea un escenario apocalíptico, en donde la protagonista emerge como una planta en medio de la nada para generar un nuevo comienzo. «El abuelo» presenta el buen y dulce vínculo entre nieto y abuelo, pero una mujer llega a romper la armonía de este hogar cuando confunde al abuelo con un amante que tuvo en el pasado. «Retazos», historia emotiva ambientada en los años noventa, narra la historia de una madre humilde que haciendo labores de costura junto a sus pequeñas hijas costea los gastos de su hogar. En «Confesiones de un caballo» nos perderemos en los recuerdos de un caballo viejo, que en su juventud hizo muchas travesuras. La pobreza, el abandono y la drogadicción inundan la vida del niño protagonista de «El último vuelo». «Estaba tan stone que no recuerdo el año» es una historia, que narra la aventura de un fin de semana. El personaje principal nos cuenta su experiencia, junto a fragmentos de su vida universitaria, mientras va quedándose mareado, recostado en el césped, perdido en sus alucinaciones. Finalmente, «Intenciones de domingo» es una historia emotiva, íntima, lacrimosa, una herida abierta que sangra. El protagonista nos muestra su lado frágil, sensible, frente a la pérdida de un ser querido.

«Cuentos amazónicos» reúne los trabajos de doce escritores de la Amazonía, doce historias ambientadas en la urbe. En sus páginas brotan personajes con los que sin duda nos vamos a identificar, reír y llorar. Nos sorprenderán los finales inesperados y quedaremos atrapados en mundos alternos. El libro es un balance perfecto entre juventud y experiencia; todos los escritores aquí reunidos, son muy buenos, son hábiles en el manejo del lenguaje, dominan el tiempo - espacio con maestría, son expertos para mantener el suspenso, manejan tan bien sus técnicas, estilos y recursos narrativos, que harán que caigamos rendidos a la magia de la lectura como hormigas a la miel.

Espero que el Shamiro que voló al infinito, sonría al ver una historia suya entre estas páginas y que su canto haga temblar a las estrellas.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Tradición: patrona de Tarapoto

    Patrona de la Santa Cruz de los Motilones en Tarapoto       Todos los pueblos guardan en cada uno de sus habitantes diversos matices de júbilo, devoción, algarabía y festividad; motivados por la llegada de una fecha muy significativa, por lo general de carácter religioso. En la ciudad de Tarapoto se celebra la patrona de la Santa Cruz de los Motilones, fiesta que se inicia el 07 de julio y concluye el 19 del mismo mes. Cuentan nuestros abuelos, que para la llegada de esta gran fiesta, los cabezones se preparaban con anticipación casi un año. Ya sea sembrando yuca, maíz, plátano y otros productos de panllevar, así también como la crianza de gallinas, pavos y chanchos. Cuando faltaban pocos meses para la celebración, los cabezones con sus respectivos ayudantes cosechaban los productos y seleccionaban las gallinas y chanchos para esperar la llegada de la gran patrona. La primera semana de julio, las mujeres se dedicaban a la preparación del masato de yuca y chicha de maíz.  El 07 de j

Jerga: Cutra

Es uno de tantos términos del lenguaje vulgar aún no aceptado por la Academia de la Lengua Española de nuestro país, pero usado por todos los peruanos, cuyo significado está contextualizado con el soborno y vueltos de sobrecostos en el submundo de la corrupción. Me arriesgo a opinar que el origen de este término está en la preposición contra, que semánticamente, denota oposición y contrariedad. A mediados del siglo pasado, en que se originó esta jerga, los  facinerosos que cometían  este tipo de delitos económicos, eran conscientes  de que estaban actuando en contra de la ley. "Hagamos la contra". Supongo que para "esconder" la fechoría y no sentirse acusados por esta palabra, simplistamente, derivaron el término de contra a cutra. Así la preposición contra dio origen al sustantivo cutra que sometido a la acción toma categoría de verbo: cutrear. Actualmente, sigue siendo conjugado en las tres personas gramaticales, en singular y en plural.    (  Lucio Córdova Mezo

El abuelo Wilmaco

Hace unos días, en Trazos, mi amigo Reymer y yo celebramos con un six pack de latas la culminación de su novela  El abuelo Wilmaco . Se trata de una historia ilustrada que habla del amor, no solo del que sentía Wilmaco por Romina y su hijo Yaro, también del amor hacia la naturaleza. Conocí a Reymer hace unos años y desde entonces hemos sido muy amigos. No. Mentira. La verdad es que casi no lo veo, pero sí hemos coincidido en varios eventos literarios y, para ser francos, siempre he admirado su determinación y compromiso con la literatura. Cuando me dijo que ya había culminado su proyecto y me envío sus escritos para leerlos, además de sentirme muy feliz de su logro, no dudé un segundo en ser partícipe de su edición y publicación. Y, ergo, he aquí el resultado. El abuelo Wilmaco  resalta a los hombres del campo dedicados al trabajo por un futuro prometedor. Pero la vida es incierta, agradable y nefasta a la vez. Esa es la vida, y Wilmaco, con sus nueve décadas, lo sabe y entiende