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Opinión: Presentaciones de libros


 
 
 

Desde hace un tiempo se vienen presentando tupidamente libros en el departamento de San Martín,  máxime en Lamas y Tarapoto, a varias de las cuales pude asistir y espectar la manera cómo los presentadores han enfocado, de modo sencillo antes que académico, obras de autores que viven en San Martín y fuera de éste.

Algunas de las obras, tal vez las más, han abordado temáticas vernaculares, en los cuales fácilmente pueden desempeñarse autores que se ven muy lejos de la posibilidad de penetrar en otro tipo de asuntos, como los abstractos. 

A veces los presentadores, por falta de tiempo o porque sus estilos están perfilados de ese modo, o por cuidar las formas, han elaborado enjuciamientos epidérmicos  o antisistemáticos con el fin, presumo, de sólo agradar a los autores.

En otras instancias, como en Lamas, por ejemplo, se ha visto, durante ciertos eventos afines, enjuiciar libros superdivinizando las llamadas técnicas literarias; técnicas que son seguidas, en todo el mundo, como moldes por autores medianos desde que aparecieron por los años sesenta o antes, y fueron desarrolladas empeñosamente por literatos del llamado boom literario sudamericano; de tal manera, como creí advertir, que para esos críticos y también autores a la vez debería pesar en una obra más el uso de técnicas que el ensamblaje de estilos dulces y primorosos. 

A ciertos autores que han llegado para presentar, o vinieron como presentadores, para cuyas obras tengo poca adaptación, se los ha observado, por lo que quizá gozan de alguna reputación, con ínfulas de sobrepotenciados. 

Alguno dijo que ciertos tipos de literatura, como la con rima, han entrado a arcaico desuso y por tanto rescatarlos o revivirlos resultaría desconocer la modernidad. Él  mismo aseveró que las obras que contienen, por ejemplo, regionalismos selváticos, deben prescindir de los glosarios, y que los que las leen que se pongan a investigar para descubrir sus significados. ¿Investigar? ¿En qué? ¿Dónde? El selvático no tendrá problemas. ¿Pero el costeño y el serrano? ¡Pucha, ni continuar analizando esta tremenda "teoría"! 

Otro manifestó que los cuentos debieran de ser cortos porque así lo ha recomendado el señor Mario Vargas Llosa, por lo fácil que resulta su lectura por gente que vive apurada, y debido también a que los de estructura larga resultan empalagosos o aburridos. 
 
Y para ahorrar tiempo prescindiendo de mencionar otras "propuestas" traídas, anoto lo siguiente: Que cada literato haga literatura utilizando su propia concepción, la concepción que le conviene, en función de la independencia que debe practicar. El que desea que viva escribiendo eternamente con normas ajenas; pues esa es la  característica de los medianos: gozar escribiendo al margen de lo propio y de la originalidad, por agradar a los que imitan o por carecer de estro vitaminizado.

Una narración corta aburrirá, como una larga, si el estilo utilizado es apelmazado o antiameno. En cambio un estilo armónico y fluido te llevará tan placenteramente como ventarrón por las miles de páginas que podría tener una obra.

¿Que  no podría usar con ingenio la rima consonante en temas serios? ¿Que desestimaría emplearla en asuntos satírico-burlescos, como por ejemplo en lo que sigue?: "Oremos por Víctor Raúl Haya/porque rápido al cielo se vaya/a quien la pereza le hizo papaya/y turista de buena laya". O estotro: "Oremos por Belaúnde de pelo lacio/que a empujones le sacaron del palacio/y que le llevaron pálido como muerto/a embarcarle rápido en el aeropuerto".

¿Que como literato voy a agradar a críticos engolados? Imposible. ¿Que voy a escribir pensando necesariamente en complacer a alguien o a todos? Imposible. ¿César Vallejo no es genial para muchos, y no fue cero a la izquierda para Clemente Palma? ¿Prima poco o mucho la subjetividad, convertida a veces en doblez, en las apreciaciones de los críticos? ¿Tenemos suficiente sensibilidad para abordar críticamente obras de contenidos elevados? ¿O nos resulta más cómodo divagar en la cosmovisión, que fácilmente nos conduce a interpretar como nos parece el alma selvática, máxime las de las tribus? ¿O enmascara  nuestra humildad el coger temas comunes que abundan prolijamente en todas partes,  principalmente en urbes grandes, como la sordidez de los lenocinios? 

Una obra puede ser abordada críticamente, como bien sabemos, desde varios frentes, y en cada uno de ellos el crítico andará buscando encontrar su propia preceptiva literaria, que, si no la halla, saldrá velada o abiertamente recomendándola. 

En  la elaboración de obras, dejemos que el autor haga lo suyo, pero  exijámosle que su tarea se enmarque dentro de los fueros de lo que significa el vocablo literatura: belleza expresada con palabras.
Las técnicas no son  literatura; los estilos, que se sienten, deben ubicarse por encima de ellas. Se hace imperativo buscar, permanentemente, nuevas formas de expresión huyendo de técnicas enrevesadas y de terminologías triviales. La literatura es, o debe ser emoción presentada de lo mejor por el alma peculiar de cada literato.

Que los libros que se publiquen en San Martín y fuera de él, con cualesquiera técnicas, estén muy bien escritos por sus autores. La sintaxis la ponen necesariamente éstos; la labor de los correctores estará encaminada a mejorar los textos descartando ortografía errada o el inconveniente uso de vocablos, máxime verbos. El que una obra salga con muchos o pocos o nada de errores es responsabilidad, mayormente, del corrector o de los correctores.

Por último no te exijo, si no quieres,  que adoptes  mi "preceptiva" arriba dicha; haz tu propia literatura, haz tu propia originalidad (la cual –me parece- es la que haces), que no siempre  me agrada. Pero sí te obligo a ser impactante escribiendo. Si no, tírate tú mismo la "toalla"…y descansa, descansa…te quiero ver descansando, porque tu musa sería un fraude. //

Escribe: Carlos Maktangrunaka

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