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Personaje ilustre: Alfonsina Storni

 
 


ALFONSINA STORNI (1892 -1938)

OBRAS: Poesía: "El dulce daño", "Irremediablemente", "Ocre", "La inquietud del rosal", "Languides", "Mascarilla y trébol", "El mundo de siete pozos".

Una de las tres más grandes poetisas latinoamericanas. Nacida en Suiza, pero desde niña siempre vivió en Argentina en las provincias de San Juan y Santa Fe; de padres italianos, familia de origen humilde, tuvo que trabajar desde muy joven para ayudarlos. Se recibió de maestra, dedicándose a la enseñanza primaria y secundaria, además del periodismo y a su pasión por la literatura.

Desde sus primeros versos exhibe la intensidad de su canto amoroso. Altamente hipersensible, insurge en su lírica teñida de romanticismo becqueriano e intuiciones modernistas para después expresarse en su estilo propio y original, "Soy un alma desnuda en estos versos", dice con el sentimiento a flor de piel.

Desafiante, rebelde, impulsiva, inconformista y melancólica, así era esta maestra rural que se enfrentó valientemente a los prejuicios y formalismos de su época. Fue la primera mujer que escribía en Argentina sobre el tema del sexo que antes no había sido tratado de modo tan abierto debido a los remilgos de  la hipocresía social. "Quiero un amor de garra y dientes que me asalte  a traición en pleno día", desafiaba.

Pero no es la pura sensualidad y al explosivo erotismo a lo que aspira este ser hipersensible en condición de mujer. Su estremecimiento espiritual ansiaba tanto la protesta de la mujer ante las pretensiones de la incomprensión masculina. Por eso es que en su decir poético ha volcado ternura, resentimiento, dolor y hasta ironía. "Sálvame amor", clama en el soneto "Divino amor":

Te ando buscando, amor que nunca llegas, 
te ando buscando, amor que te mezquinas, 
me aguzo  por saber que me adivinas, 
me doblo por saber si te me entregas.

Las tempestades mas andariegas, 
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas, 
porque a salvarme, oh niño, te me niegas.

Mira que estoy a pie sobre leños, 
que a veces bastan unos pocos sueños 
para encender la llama que se pierde.

Sálvame amor, y con tus manos puras 
trueca este fuego en límpidas dulzuras 
y haz de mis leños una rama verde.

Estos son versos de una mujer que apasionadamente busca refugio y satisfacción en el varón, pero al mismo tiempo se debate en una constante lucha interior contra el hombre egoísta y dominante. Esta contraposición es quizás, el tema más frecuente de su poética. En "Tú me quieres blanca" lo expresa con vibrantes y doloridos reclamos. Cuestiona su egoísmo y su doble moral. Él sí puede –¡qué ironía!–, haber disfrutado de los placeres eróticos mas exquisitos, pero ella tiene que guardarse "blanca" sin mácula y sin derecho a explorar sus apetencias erótico-amorosas. Él así lo ve y así lo exige.

En la evolución de su poética se distinguen dos etapas bien marcadas:

1. La primera con una actitud belicosa frente a la superioridad del hombre. Su lírica se muestra optimista, violenta, exuberante. A este ciclo corresponden "La inquietud del rosal", "El dulce daño", "Irremediablemente", hasta "Languidez".

2. En la segunda etapa borda el conflicto humano con una sabiduría que le viene del sufrimiento y de la pura experiencia. La inicia en "Ocre", para muchos su mejor obra, la más lograda. Allí plasma su nuevo modo de cantar. Abandona lo enceguecido del "yo" íntimo y enamorado. Sus poemas ahora son más meditables, se muestra más objetiva, hacia un realismo menos patético. Se inicia en una poesía reflexiva. Es la publicación "El mundo de los siete pozos y "Mascarilla y Trébol". Veamos su temple ahora en este poema.

DOLOR

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

Este ángel sensual, mezcla de pasión y ternura que un día dijo: "No puedo amarlo libremente; hay demasiado orgullo en mí para someterme", y en otra vez, en cambio: "Con mayúscula escribo tu nombre y te saludo, hombre, mientras depongo mi femenino escudo", ahora es una mujer que ha fracasado en el amor, intenta echar al olvido sus ímpetus y arrebatos pasionales, muestra la insatisfacción de la vida, lo efímero de lo humano y mientras contempla el mar le obsesiona la muerte.

La que dijo: "Corazón que me viene de mujer" ahora piensa en suicidio. Escribe un último secreto: "Voy a dormir"… y le dijo a la muerte: "Nodriza, voy a dormir nodriza mía, acuéstame". Y se echó a dormir en el ancho Mar del Plata.

Al concluir esta semblanza con estos versos, el corazón nos trae el recuerdo de un estribillo de Góngora: "dejadme llorar, orillas del mar".

Alfonsina y el mar 
(Ariel Ramírez y Félix Luna)
 
Por la blanda arena que lame el mar 
su pequeña huella no vuelve más, 
un sendero solo de pena y silencio 
llegó hasta el agua profunda, 
un sendero solo de penas mudas 
llegó hasta la espuma. 

Sabe Dios qué angustia te acompañó, 
qué dolores viejos calló tu voz, 
para recostarte arrullada en el canto 
de las caracolas marinas, 
la canción que canta en el fondo oscuro 
del mar la caracola. 

Te vas Alfonsina con tu soledad, 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
Una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llamando, 
y te vas hacia allá como en sueños, 
dormida, Alfonsina, vestida de mar. 

Cinco sirenitas te llevarán 
por caminos de algas y de coral 
y fosforescentes caballos marinos 
harán una ronda a tu lado, 
y los habitantes del agua van a jugar 
pronto a tu lado. 

Bájame la lámpara un poco más, 
déjame que duerma, nodriza, en paz 
y si llama él no le digas que estoy, 
dile que Alfonsina no vuelve, 
y si llama él no le digas nunca que estoy 
di que me he ido. 

Te vas Alfonsina con tu soledad 
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar? 
Una voz antigua de viento y de sal 
te requiebra el alma y la está llamando, 
y te vas hacia allá como en sueños, 
dormida, Alfonsina, vestida de mar.//


Tú me quieres blanca
(Alfonsina Storni)

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya,
ni una margarita
se diga mi hermana;
tú me quieres blanca,
tú me quieres nívea,
tú me quieres casta.

Tú, que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú, que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú, que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone)
me pretendes casta
(Dios te lo perdone)
me pretendes alba.

Huye hacia los bosques;
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lávate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.


 
 

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