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El Cuarto Rey

 
 


El Cuarto Rey  
(Introspectiva a uno de los personajes de "El árbol" (Novela), de Miuler Vásquez)

De entre todos los seres que desfilan por la desbordante imaginación y los relatos del personaje principal en "El árbol", el  Cuarto Rey se ha apoderado de mis inquietudes, infundiéndome una honda compasión y arrastrándome a reflexiones más profundas sobre el comportamiento humano. 

El hombre del monólogo lo tiene como favorito y semejante a él. Lo describe "bien parecido, luminoso, inteligente, prudente, soñador, grande en perspicacia, sensible a la naturaleza, fuerte…", así es el Cuarto Rey. De espurio origen, negado y casi sacrificado por su padre -el Tercer Rey-, persigue una quimera familiar que le acomodaría todo lo que desea: paz, descanso, riquezas…  Su idealismo pretende continuar la obsesión de sus antecesores: la posesión de un árbol único, particular.  

Empecinado en encontrar el árbol, no duda en abandonar su corto mundo, esencial, de dos. Su madre le ha prometido llevarlo en su búsqueda a la montaña, después. Ahora es el tiempo, piensa él y la abandona. No le importan las revelaciones de no retorno. Sueña, con esperanza firme, en mundos fantásticos, difusos. Y sin temor alguno, avanza, aunque en su desesperado intento de encontrar el árbol ansiado recorre el mundo hasta olvidarse de sí,  de su aspecto original. Ha debido preguntar en algún pueblo y le ha costado enfrentarse a una turba, que desconfiada, intentó matarlo. Infortunado, él huye y penetra en la montaña, escapando de la civilización que lo ha rechazado. Ahora, en el bosque, aislada su alma del temor, come, duerme y sueña siempre con su árbol. 

La montaña, casi en una señal, le ha permitido seguir buscando.  Desesperanzado ya, continúa una búsqueda desenfrenada que no tiene éxito alguno. Exhausto, cae, y en el instante inexorable de su muerte piensa en la madre que en desobediencia abandonó, apagándose, así, su vida humana. Mas el Cuarto Rey sufre una extraña transformación: es ahora una horrible y enorme flor de espinoso tallo. La alucinación del personaje nos conduce a la morbosa experiencia de ver que la flor es recogida; en un acto de fe, sembrada en un recipiente improvisado, para luego ser aplastada por un impulso insano, hasta extinguir su vida. El Cuarto Rey termina su existencia en los pies de un chiquillo dominado por la frustración.

La inexplicable muerte de la flor/rey acrecienta ese deseo de conocer la mente del personaje que, más allá de paciente psiquiátrico, es un fabulador excepcional por obra de su autor. Su voz, perturbada, suena como ecos filosóficos: "Nuestro árbol es uno grande, privado, infinito y absurdo, de esos que llevamos con nosotros a todas partes. Hay reyes dentro de él, espacios de maldad diseminada, corazones… ¿Pereceremos dentro de él…?" Es verdad. Todos tenemos un árbol que habita en nosotros, que se alimenta de nuestra sensibilidad, pero que expele también lo más denso y oscuro de nuestras emociones. 

La historia del Cuarto Rey es una interesante reflexión que expone situaciones reales de rechazo a las diferencias, a lo desconocido y nos plantea dilemas y retos sobre nuestra humanidad. Pero, sin duda, es más un homenaje a los idealistas y utópicos de siempre, a los que no han perdido la ilusión, a los que persiguen los sueños más disparatados de los que tantos se mofan, porque la realidad, a esos tantos, los ha tragado enteros. Y entonces hay que recordar por qué el Cuarto Rey sobrevivió en la montaña "…siguió con vida porque resplandecía de esperanza, porque su sangre llevaba ese fuego vivificador...".//

Escribe: Connie Philipps

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